“La mejor manera de predecir el futuro es crearlo.”
(Peter Drucker)
La inversión refleja la percepción externa sobre México. ¿Estamos aprovechando realmente las oportunidades que ofrece el país?
La inversión extranjera es una de las variables más útiles para evaluar la confianza en el entorno económico, y la capacidad de integración del capital externo al sector productivo local.
En vísperas de la revisión del tratado comercial de América del Norte, cabe recordar el peso que tienen para México las economías que integran el acuerdo. Al cierre del cuarto trimestre de 2025, los flujos de Inversión Extranjera Directa (IED) provenientes de Canadá representaron 8.1 por ciento del total nacional, mientras que los de Estados Unidos alcanzaron 38.8 por ciento. En contraste, la inversión procedente de China representó 1.3 por ciento del total recibido por México.
En este contexto, la revisión del tratado adquiere relevancia estratégica. Más allá del resultado de la negociación, la combinación de incertidumbre externa y desaceleración interna plantea como prioridad contar con lecturas precisas y objetivas que ayuden a identificar riesgos y oportunidades, y ajustar decisiones de inversión con mayor anticipación.
La IED trimestral registra su primera contracción en 27 años
De acuerdo con datos de la Secretaría de Economía, la IED trimestral medida como proporción del Producto Interno Bruto trimestral anualizado cayó 1.0 por ciento al cuarto trimestre de 2025. En este mismo período, la proporción de la Formación Bruta de Capital Fijo trimestral, indicador que registra la inversión en maquinaria, equipo y construcción, retrocedió 4.4 por ciento.
No obstante, el número de empresas con inversiones superiores a 1 millón de dólares se ha mantenido relativamente estable. Esto sugiere que, aun cuando el flujo agregado pueda mostrar debilidad en un trimestre específico, conviene analizar la composición y permanencia de los proyectos de inversión.

Este desempeño admite al menos dos lecturas: podría responder a un episodio puntual asociado con factores coyunturales, o bien señalar un cambio en la trayectoria de la inversión extranjera. La interrupción de una tendencia tan prolongada vuelve indispensable mantener un seguimiento cercano de los datos, especialmente en un entorno donde las siguientes variables económicas vinculadas también muestran señales de desaceleración.
Crecimiento acotado
Al cierre del primer trimestre de 2026, el Producto Interno Bruto registró una contracción de 0.8 por ciento respecto al trimestre inmediato anterior. A tasa anual, se cifró en 0.2 por ciento. Para el cierre de 2026, nuestra proyección anual es de 1.1 por ciento.
Asimismo, el Indicador Global de Actividad Económica se contrajo durante los dos primeros meses del año. Hacia junio se prevé una recuperación, aunque con un desempeño todavía heterogéneo durante el resto del periodo.

Inflación por encima de las previsiones
Al igual que los precios al productor, la inflación al consumidor (INPC) ha mostrado mayor volatilidad de la prevista. Durante la primera quincena de marzo alcanzó una variación anual de 4.63 por ciento y quincenal de 0.62 por ciento, nivel no observado en una primera quincena desde octubre de 2017, debido principalmente a presiones en los precios de frutas y verduras, así como del transporte aéreo. Posteriormente, al cierre de abril la inflación se ubicó en 4.45 por ciento anual. Para el cierre del año estimamos que alcanzará 4.47 por ciento.

Formación Bruta de Capital Fijo en fase de contracción
La Formación Bruta de Capital Fijo, indicador que registra la inversión en bienes utilizados en el proceso productivo, muestra una trayectoria de contracción desde septiembre de 2024.

Dentro de este rubro destaca el comportamiento del sector de Equipo de transporte, que incluye al sector automotriz, principal motor de la industria manufacturera en México.

En paralelo, el indicador de personal ocupado en la industria manufacturera acumula una reducción de 5.6 por ciento al cierre de marzo de 2026, sin cambios en esta tendencia desde agosto de 2023.
Conclusiones
El entorno económico actual plantea retos y oportunidades para la inversión y el crecimiento en México. Distinguir entre ajustes transitorios y cambios de tendencia es clave para la planeación estratégica, la asignación de recursos y la evaluación de riesgos. En este contexto, dar seguimiento cercano a la actividad económica y actualizar las proyecciones de manera continua es fundamental para afinar diagnósticos, identificar oportunidades regionales y sectoriales, y ajustar decisiones económicas con mayor anticipación y capacidad de respuesta.
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